martes, 22 de marzo de 2011


La organización humana.


.introducción.

Lo que aquí se pretende no es seguir ninguna escuela ni discutir ninguna teoría, sino tratar de ofrecer una reflexión global e interconectada de un asunto muy amplio y que nos afecta en nuestras vidas cotidianas: el modo de organización de nuestra sociedad.

Repasemos algunas obviedades:

Del modo en que esté organizada y estructurada una sociedad y de su funcionamiento real, dependen desde la subsistencia primaria del individuo hasta el rango de posibilidades de su desarrollo personal a largo plazo. Los seres humanos somos seres sociales en esencia y nuestro destino como especie y como individuos, está directamente vinculado con nuestra socialización.

La socialización es un proceso necesario para favorecer la subsistencia y desarrollo de la especie humana. Existen, en un campo teórico inicial, multitud de formas de organización social. Algunas de ellas se han dado o se dan en la actualidad.

Las nociones de “desarrollo” y “evolución” parecen acompañar de modo natural al concepto organizativo de la “triunfante sociedad moderna occidental”: una línea de crecimiento, rampa hacia arriba. En cambio, muchas sociedades ancestrales se basan más en nociones circulares y cíclicas. Esta linealidad conceptual inherente a nuestros modos actuales de pensar y construir –que se refleja en un calendario que arranca de 0 hacia el infinito- es relativamente nueva y podemos seguir su implantación a través de la historia, en diversas épocas en función de la región del planeta y todos en un rango de unos seis mil años. Según nuestro concepto actual de “civilización”, automáticamente tendemos a pensar que todo lo que no entra en nuestros parámetros de civilización es incivilizado, pero no tiene por qué ser necesariamente así. Antes de la implantación y extensión de nuestro sistema habían humanos organizados, sólo que de otros modos. Y aún existen algunos casos.

Visto desde un punto de vista individual, este “desarrollo y evolución” de lo social –según nuestra escala de valores- debería ir mucho más allá de una mera cuestión de avance material y tecnológico, para ahondar en la evolución de libertad personal de pensamiento y para favorecer el crecimiento de seres despiertos, equilibrados y libres. No creemos que haya que argumentar mucho para sostener la afirmación de que evolución y desarrollo individual equivalen a garantizar el acceso universal fehaciente a una sólida y equilibrada formación humana en todos los ámbitos de la vida. Lo que la sociedad invierte en sus individuos, lo recibe a través de múltiples modos, que la van moldeando a gran velocidad. Una sociedad sólo puede ser realmente libre si trabaja por la libertad real de sus individuos. Libertad sin responsabilidad no es posible. Ni lo es un ejercicio correcto de la responsabilidad sobre los propios actos, sin una adecuada formación.

Además, no todos los individuos tenemos el mismo peso, ni la misma responsabilidad social.

Hablando de libertad, debemos acentuar la extraordinaria importancia de la libertad de pensamiento -más que la de expresión, ya que un pensamiento esclavo “expresará con libertad ideas esclavas”- como requisito imprescindible para que una sociedad pueda desarrollar un camino hacia una evolución equilibrada. E insistimos, no es posible la libertad de pensamiento sin la asunción de la responsabilidad sobre las consecuencias de esa libertad, sin la formación correcta que avance en pos de una libertad individual formada y responsable.

No creemos preciso defender ninguna posición ideológica o de creencia, sino tratar de comprender el funcionamiento global de las sociedades humanas en nuestros días, lo que equivale a estudiar su estructura y organización.


.manipulación social.

Desde el trabajo de Edward Bernays a principios del siglo XX y sus avanzados discípulos, la ciencia del control y manipulación de la conciencia y opinión de la masa social ha experimentado extraordinarios avances con notorios resultados, claramente visibles cuando uno observa nuestra sociedad actual en Occidente. Sólo una propia y bien desarrollada lógica junto a una acertada capacidad de observación de la realidad sin partidismos ni juicios, nos permitirán comprobar el modo y alcance de la manipulación continua a la que somos sometidos por el sistema social, de innumerables formas.

La anorexia, la violencia de género, la depresión o el estrés son todos productos estrella (entre otros muchos), resultado de la grave psicopatía social producida por el continuo esfuerzo en mantenernos inoperantes -o con muy estrecho margen de acción- a los individuos que estamos en los escalones de base de la estructura social. Se nos encierra en una estructura –formada por un sinfín de “escalones”- donde nos adjudican un lugar en función de nuestro nacimiento y en la que es muy difícil avanzar, lo cual sólo podemos obtener entrando en un despiadado juego de competición. Nuestros esfuerzos se verán más o menos recompensados por la sociedad, en función de lo implacables que seamos a la hora de competir.

Somos manipulados a lo largo de nuestra vida mediante la educación que recibimos, la calidad y utilidad de la información que se nos brinda y el limitado campo de desarrollo personal que se nos permite, que irá siempre en función de nuestro “valor” como agentes de producción y consumo y de nuestro estatus socio-económico. Esa manipulación, que consiste en garantizar la obediencia y sumisión de los individuos sin que se percaten de ello, obtiene como resultado un cuerpo social de estructura piramidal, donde el esclavismo ha adoptado forma de empleo asalariado. El control de la conciencia y opinión de la masa permite que esta misma acepte la situación de esclavitud, donde no hay opciones reales de desarrollo personal y equilibrado y donde la responsabilidad del individuo libre es secuestrada, a cambio de limitadas posibilidades de ascenso económico-social.

Ese control neutraliza –igualmente- los intentos de aquellos individuos que se dan cuenta de la verdadera naturaleza de nuestra sociedad, a través de múltiples modos.

El objetivo, pues, del control de masas consiste -desde nuestra perspectiva- en crear un estado de conciencia y opinión que contribuya a reforzar la vertebración de la sociedad en forma de pirámide. Tal manipulación hace innecesario el autoritarismo, ya que los individuos manipulados usarán su voluntad secuestrada para defender el mismo sistema que les esclaviza.


.la pirámide.

El estado de desinformación y deformación de facto, bajo la apariencia de un libre (y saturante) bombardeo “formativo-informativo” de naderías, asuntos poco útiles o visiones manipuladas de la realidad, es una pequeña parte del asunto, que cumple su función en el decorado de la pirámide occidental y casi podríamos decir hoy que mundial. Debajo, en la estructura fundamental, podemos observar un esqueleto edificado según los niveles de riqueza. Este esqueleto piramidal, forjado a lo largo de milenios, ha sufrido grandes transformaciones pero siempre se ha mantenido erguido. Lo que equivale a decir que la cúspide siempre ha conseguido mantener la pirámide en pie.

Lo que recubre a esa pirámide y se nos muestra como modelo de sociedad libre, no lo es tanto. Partamos de lo que conocemos en Occidente y que se está expandiendo a gran velocidad como modo de organización humana, para tratar de entender las formas básicas de dicha organización. En esencia, los diversos estratos organizativos sociales occidentales, podemos dividirlos en dos grupos: “virtuales” y “fehacientes”.

Virtuales son aquellas organizaciones colectivas que se basan en conceptos abstractos y que cambian con el “viento histórico”; las fehacientes, son las que se basan en la interdependencia real y cotidiana, las que suelen resistir a la mayoría de los vientos y de las que depende realmente la subsistencia.

Dentro de las virtuales se halla, pongamos ejemplos, la inmensa mayoría de los sistemas de organización política territorial y dentro de las fehacientes, la organización en equipos de producción de bienes.

Ambos tipos tienen algo en común: en su mayoría, son estructuras piramidales basadas en la competición entre individuos para subir escalones. Así, el valor principal de la estructura virtual (la competición) entra en conflicto con el valor principal de la estructura fehaciente (la colaboración en un equipo de trabajo), creando un conflicto que se manifiesta en un frecuente y continuo estado de insatisfacción.

Del mismo modo que compiten individuos dentro de una pirámide, las pirámides también lo hacen entre sí, dentro de una superestructura que las contiene: una supra-pirámide que contiene a otras y estas a otras más, como las muñecas rusas. La pirámide crece por competición, es obvio geométricamente. No hay el mismo espacio arriba que abajo. Sin embargo, la competición es –en muchísimos casos- perjudicial para el buen funcionamiento de una estructura fehaciente de individuos en pos de un objetivo común.

Los códigos legales que aún nos rigen se formularon en una sociedad de privilegiados y esclavos, estando todos basados en este sistema de organización piramidal. Obviamente, estos códigos han experimentado una gran modificación a lo largo de su historia en un proceso dinámico, durante el cual, los avances de la conciencia humana han ido forzando a la sociedad a abrir el campo de la libertad para todos. La respuesta de la pirámide ha sido ceder terreno virtual, en tanto se han ido construyendo modos subrepticios de mantener el control de la masa. Han existido avances, desde luego. Pero estamos asistiendo, en las últimas décadas, a un alarmante proceso de retroceso en el terreno de la libertad, de la equilibrada explotación de los recursos y de la distribución de la riqueza a escala planetaria, para lo cual la manipulación de la opinión pública ha probado ser de enorme eficacia.

Todas las corrientes visibles en nuestra sociedad actual que hablan de cambios, mejoras sociales, económicas y demás, siempre lo hacen dentro del sistema organizativo piramidal. Es decir, la pirámide se mejora o trata de mejorar, pero sigue siendo una pirámide y por mucho que uno crea que es apropiado contribuir a mejorar las condiciones de la masa que sustenta la pirámide, es obvio que toda mejora de la pirámide contribuye a cimentarla mejor y con mayores argumentos.

Por tanto, creemos que no se trata de reformar o mejorar el sistema, sino de sustituirlo. Sacar la pirámide, desmantelarla. ¿Por qué?

Una pirámide social es una estructura de doble flujo diferenciado de información. Es decir, el que está arriba tiene acceso a ver todo lo que le interese de lo que está abajo, pero el que está abajo ni siquiera sabe quién está en realidad arriba, pues ni alcanza a ver la cúspide de la pirámide. Dentro de esa estructura, la cúspide marca ciertamente y en gran medida, las directrices de las condiciones de vida de la base. Esto hace que la estructura piramidal sea fácilmente susceptible de manipulación. Por otro lado, la natural competición que exige la pirámide por su forma geométrica, termina cerca de la cúspide, donde brilla el verdadero poder que no compite, que es el que creó y maneja la pirámide. Las personas se suceden, pero la pirámide permanece.

La estructura piramidal da cohesión a las complejas sociedades occidentales. Hay pirámides más llanas o más empinadas, decoradas así o asao, pero son todas pirámides: gobiernos y empresas, iglesias y colectivos religiosos, partidos políticos, instituciones públicas, universidades y el mal llamado “libre mercado” (nótese en este caso que, en un sistema donde el flujo del dinero marca la pauta, la cúspide de la pirámide la ocuparán quienes sean los principales generadores y conductores de ese flujo: aquí tenemos la supra-pirámide). Incluso la familia tradicional católica está diseñada en forma de pirámide, donde hay un “cabeza de familia” y los demás le deben pleitesía.

Las sociedades secretas también se estructuran del mismo modo, siendo esta “coincidencia” digna de ser tenida en cuenta, si consideramos que las sociedades secretas llevan siglos detrás de la cortina, co-dirigiendo la construcción de los modernos estados e instituciones e inspirando (y en muchos casos conduciendo) los grandes avances en la ciencia, las artes y el genio humano. Las sociedades secretas vertebran de muchos modos la estructura piramidal de las sociedades “desarrolladas”.

El principio de obediencia es el ideal para la estructura piramidal. La obediencia perfecta es la ciega, la que no discute, la que acepta sin rechistar y ejecuta. Ello sólo es posible si los principios personales se sacrifican y la voz personal se silencia. La democracia occidental habla de libertad y asegura promoverla y garantizarla, siendo lo que llamamos una estructura virtual, pero vemos que esa libertad no es posible (o es muy limitada) en la estructura fehaciente piramidal que subyace, por lo que se concurre de nuevo en una flagrante contradicción.

Un sistema no libre y que proclama que lo es, ha de tener una razón para hacerlo. Si observamos que este engaño mantiene a la base controlada, a través del efecto encontramos el objetivo: mantener y hacer crecer la pirámide, lo cual es obvio que asegura la posición de la cúspide.

La pirámide famosa que aparece en el billete de dólar, uno de los símbolos de la masonería, un símbolo arraigado en el inconsciente colectivo humano desde hace miles de años, es muy buen ejemplo para entender todo esto. Una pirámide cuya cúspide es un sólo ojo. Lo cual significa que la cúspide lo ve todo, obviamente. Y que es única.

El sistema bancario-político es el armazón de la supra-pirámide. Un armazón que en las últimas décadas ha conseguido engullir la inmensa mayoría de las diversas sociedades humanas, los recursos del planeta y el acceso a los mismos. La supra-pirámide es demasiado grande, tanto, que nos cuesta comprender su dimensión real. Como mucho, accedemos a conocer algo de las otras pirámides que contiene. Para comprender su tamaño y complejidad, baste colocar en la misma foto –por ejemplo- a un niño de los que buscan comida en los vertederos de Calcuta y a uno nacido en el seno de la familia Rotschild. La increíble distancia existente entre ellos en estatus socio-económico, opciones de desarrollo humano y acceso a lo necesario para una vida digna, equivale a la distancia geométrica desde la base a la cúspide de la pirámide.

La supra-pirámide virtual que conocemos como Naciones Unidas tiene una cúspide visible, un secretario general. Pero es obvio que la pirámide fehaciente que subyace, la de las aportaciones económicas que controlan los puestos de poder, es la que realmente prevalece. Así, la mayoría de las pirámides virtuales parecen haber sido creadas con el objetivo de esconder y/o justificar la supra-pirámide fehaciente. Pues sólo hay una cúspide hoy en la pirámide planetaria, la única que abarca a todo el planeta y que mueve todo lo demás: la del dinero... (continúa en "la organización humana II)