Comencemos por una definición: un partido político es una confluencia de intereses en torno a una estructura piramidal.
Cualquiera que haya estado en cualquier tipo de asamblea pública, habrá podido observar una serie de mecanismos que rigen siempre y que se pueden aplicar universalmente.
El primer y más obvio mecanismo, que es el que nos interesa, es el de funcionamiento en sí mismo. Tomemos un congreso de un partido como ejemplo. A la hora de realizarlo, existe un gran trabajo que alguien tiene que cuidar: organización, convocatoria, preparación del lugar… siempre existe un grupo menor que se encarga de organizar y uno mayor que asiste. El grupo que se encarga de organizar es el que conoce todos los entresijos del funcionamiento del total, por lo que obviamente detenta toda información relevante concerniente al grupo total. A partir de aquí, la estructura ya se ve claramente definida.
Cuando el grupo es muy grande, la organización interna cobra una importancia fundamental, lo que equivale a decir que es el centro del poder en el grupo.
En cualquier grupo, existen dos formas básicas de organización: horizontal o vertical.
En la estructura vertical o piramidal, la estructura está basada en el principio de autoridad y apoyada en el mayor o menor acceso a la información válida y fehaciente. En este tipo de estructura, la información no se distribuye radial e igualitariamente, sino que tiene dos flujos distintos: de abajo arriba y de arriba abajo. La información que fluye de abajo arriba es completa, mientras que la que fluye de arriba abajo se circunscribe a lo que la jerarquía superior considera necesario compartir. La cualificación y grado de autonomía de sus miembros son limitados, en función de la tarea que se les asigna bajo supervisión o mando.
Los partidos políticos pertenecen a esta categoría, así como los gobiernos, empresas e instituciones, salvo raras excepciones.
Sin embargo, debe remarcarse que una estructura que limita el acceso a la total información válida y fehaciente y basada en el principio de autoridad es inherentemente contradictoria con un concepto amplio y bien entendido de la democracia.
Si el pueblo no recibe una formación e información válida y fehaciente, no puede ejercer con propiedad y coherencia su poder. Como un pez que se muerde la cola, esa misma gravísima carencia perpetúa un ejercicio del poder errático e inconsciente. El pueblo está formado por individuos. Los partidos políticos deben ser una representación de individuos, y eso conlleva necesariamente una pluralidad de pensamiento y personalidades que debe ser reflejada en una proporción razonable con voz y voto. Una estructura piramidal hace eso imposible. El ejemplo claro de esto es la llamada “disciplina de voto” de los partidos españoles. Tal disciplina significa algo muy simple: se vota lo que yo digo. Muy español, sin duda.
Un congreso donde hay cientos de personas pero menos de una decena de voces reales, homogeneizadas por el sistema de partidos, es una incoherencia manifiesta. Si un congreso de diputados es un grupo de personas que representan a un pueblo, cada miembro debería ser libre de votar como le venga en gana y hacer su trabajo como le parezca, siendo sólo responsable de dar cuentas al pueblo. Si no es para eso, ¿para qué hay varios cientos de personas cuando menos de 10 podrían hacer el trabajo?
Es decir, los partidos políticos no son democráticos, por lo que no deberían tener cabida en una democracia real. De lo que se desprende que, si existen y gobiernan, es porque no se trata de una democracia real, sino ficticia o falsa.
Los partidos son gobernados desde dentro por los que están en el centro de la organización, como hemos visto. Desde este centro, que mejor deberíamos llamar cúspide de la pirámide, se deja salir la información que -según las directrices de la cúspide- se considera necesaria para el funcionamiento del colectivo. La información, siendo regulada su distribución según su proximidad a la cúspide, forma los diferentes escalones hasta llegar a la base militante, la desinformada base de la pirámide. Es el mismo funcionamiento que el de cualquier institución o empresa al uso.
¿Existen otras formas de organización de un colectivo en torno a intereses comunes? Desde luego.
La organización horizontal consiste en crear una estructura de funcionamiento en la que la base de la organización es el principio de unión eficaz en pos del objetivo común. Una estructura horizontal o esférica precisa de personas cualificadas, de perfil autónomo y conocedoras tanto de su cometido propio como de la función del mismo en el engranaje total, por lo que todos deben tener acceso a toda la información válida y fehaciente, que circula por igual entre todos los centros de actividad. El trabajo o actividad se desarrolla en función de la responsabilidad y autonomía de cada centro de acción, en sintonía y coordinación con las otras unidades. La coordinación se realiza desde un “centro de centros” interconectado a la misma distancia de cada centro o unidad de acción.
Existen ejemplos de este tipo de organización, pero son muy pocos. Uno de ellos, podría ser el de un grupo plurinacional de astronautas trabajando en el espacio. Existen pocos ejemplos por la sencilla razón de que existen pocas personas que puedan integrar una estructura horizontal. Y esto sucede, porque el sistema piramidal se basa precisamente en que existan personas así, por lo que todos sus mecanismos están dirigidos a generar una buena base que sólo sepa lo que debe saber para permanecer en la base.
Por todo ello, bien se ve que participar en las elecciones equivale –en realidad- a caer en la trampa de un sistema no-democrático y altamente corrupto, haciendo entrega manifiesta y pública del poder de uno mismo a un sistema que miente en su misma esencia.
Otro aspecto importante del sistema de partidos políticos es el que actúa en la sombra: el poder real. Los partidos manejan las instituciones de gobierno. La acción de tales instituciones produce hechos que –vistos en conjunto- dibujan una trayectoria real de acción. Y esta acción produce el gigantesco beneficio de unos pocos y el perjuicio de la mayoría. Se ha ido dibujando un tejido social en el que se favorece en trabajo a sueldo y las iniciativas de gran tamaño y se perjudica la iniciativa individual de pequeño tamaño.
El espejo del tejido comercial es muy apropiado para ver esto. Las grandes compañías devoran sin piedad las pequeñas iniciativas a puñados, por lo que las formas autónomas de generar riqueza se transforman en posiciones dependientes asalariadas (y altamente explotables, por tanto).
Este modus operandi se está implementando en todo el orbe, siendo más extremo en los lugares en los que la población está tan empobrecida y poco formada que son susceptibles de un alto grado de explotación. Las estructuras políticas imitan, reflejan y son parte de la misma superestructura depredadora que se ha adueñado de todo.
No podemos separar ya la política de las altas finanzas, las grandes corporaciones, las grandes fortunas y los clubes selectos de todo tipo. Todos son las mismas personas, un pequeño grupo elitista que entra y sale de los puestos que el pueblo cree elegir en libertad. Ningún político de relevancia hoy por hoy en Occidente, puede llegar a una posición de peso sin comer, jugar al golf y negociar con el poder real: las grandes fortunas que controlan las grandes empresas, los movimientos de los mercados, el comercio internacional, los grandes bancos y demás. No podemos separarlo, ya que son estos siempre los grandes beneficiados de toda acción gubernativa en todo el orbe occidental.
Así pues, no se trata de una discusión política, sino de algo mucho más profundo: una situación de crisis muy antigua, que viene generando individuos domesticados y adormecidos que sostienen embaucados un sistema perverso y suicida. Elegir entre un partido u otro hoy por hoy, equivale a preferir un carcelero a otro.
España es el sexto productor de armas del mundo. Lo cual equivale a decir que una ingente energía, fuerza de trabajo y creación está siendo invertida en instrumentos de destrucción y muerte a gran escala. Al mismo tiempo, enviamos voluntarios por todo el planeta, tratando de reparar lo que destrozamos… lo todo lo cual equivale a achicar agua y destrozar el casco del bote al mismo tiempo. España –por supuesto- es como el resto de países de su entorno, eso nos han hecho desear y eso hemos logrado…
El sistema está frito, no tiene arreglo, ni sentido hacer el más mínimo esfuerzo por salvarlo. Lo que sí es pertinente es buscar nuevos modos y dejar de sostener lo que ya se está cayendo sin remedio. Pretender que la ciudadanía se comprometa en participar en un sistema que les deja de lado inexorablemente es –cuando menos- absurdo.
Los partidos políticos existirán mientras existan partidismos de cualquier tipo en nosotros. Mientras sigamos siendo incapaces de estructurarnos en la forma horizontal o de red de esferas, una estructura de individuos responsables y conectados que abarque la totalidad de la comunidad y no sólo a los afines; diseñada sobre el principio de eficacia en la unión y con total acceso a la información válida y fehaciente, con el objetivo común de cuidar de todos los individuos y del lugar en el que se asienta.
Madrid 22 Marzo 2011
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