la organización humana III


.la revolución silenciosa.

A lo largo del último siglo hemos asistido, a escala planetaria, a un fenómeno único en la historia registrada y que ha pasado muy desapercibido, a pesar de haber tenido una indiscutible influencia en el devenir de los acontecimientos históricos recientes y en nuestro hoy. Se trata de lo que podríamos denominar como la “apertura del conocimiento sagrado secreto”. En un período muy corto de tiempo, se han vertido a la consciencia colectiva occidental y mundial los conocimientos que siempre estuvieron vedados, provenientes de Australia, Tíbet, Japón, China, Méjico, Nigeria, Malí, Irlanda, Perú o Estados Unidos, sólo por nombrar algunas esquinas del globo. Las tradiciones ancestrales de la Tierra, que habían guardado durante milenios un secreto conocimiento sagrado, lo abrieron voluntariamente y lo compartieron, en un fenómeno sin parangón hasta donde está registrado.

Entendamos que este conocimiento también se ha detentado secularmente en las sociedades secretas y en antiguos centros de poder como el Vaticano, quienes lo han empleado y emplean según sus propios fines. Las sociedades secretas siempre han estado tras el poder, lo cual corrobora la validez y eficacia de tal conocimiento secreto. Y si se quiere saber qué hace y cómo, sólo hay que leer los movimientos sociales de los últimos milenios a gran escala, con mirada global. Si existen centros de poder que aún no se han movido (a pesar de grandes “terremotos históricos”) y siguen muy activos, es porque han de ser ciertamente muy poderosos. Si el Vaticano realmente deseara el bien de la humanidad haría muchas, muchas cosas de modo diferente a como las hace. Una de ellas, sería abrir su extraordinaria y mítica biblioteca secreta. Otros lo han hecho. No lo hace el Vaticano, ni lo hace el Islam, ni el pueblo hebreo. Sus razones tendrán.

La apertura de ese conocimiento cambiaría radicalmente la faz del mundo, tal y como lo conocemos hoy. Pues ni nuestra historia es como nos la cuentan totalmente, ni sabemos apenas nada de nada, en realidad. Sólo un cuento elaborado a través de los años y transmitido de generación en generación a través de todas las instituciones de la pirámide. Un cuento que hoy está arraigado merced a la nueva religión emergente en Occidente: el cientificismo. Como en todas las religiones, los que creen en la ciencia se basan en lo poco que saben (el cuento que les han contado) y lo han puesto de base y pilar de la identidad el ego parasitado. Como en todas las religiones, si profundizas en su estudio y práctica te puedes llevar muchas sorpresas, hasta hallar qué hay de verdadero en ellas y qué no lo es. Hoy en día, la ciencia está encontrándose con el espíritu, la verdadera Ciencia y el verdadero Espíritu lo están haciendo.

Entendamos también que las razones de unos y otros por mantener el conocimiento sagrado en secreto, han podido ser diferentes. En algunos casos, para la preservación y protección de la pureza e integridad de ese conocimiento. En otros, para sacar partido de la posesión en secreto de un conocimiento muy importante, revelador y poderoso. Los que se han abierto lo han hecho de modo transparente, si bien no es sencillo llegar a profundizar en ellos, por lo que exige de dedicación, esfuerzo y mucha práctica. Luego están maniobras de distracción como el famoso libro “El Secreto”, manipulaciones arteras de un conocimiento que sigue siendo inaccesible para quien quiere todo rápido y fácil.

Pero gracias a esa apertura, millones de seres humanos (entre los que nos contamos) hemos tenido acceso a esos conocimientos antes vedados. Muchos se han perdido (y nos perdemos a cada tanto) por el camino, pero el conocimiento existe y es real, pues actúa fehacientemente sobre la realidad.

Este fenómeno, la aparición de los nuevos practicantes en todo el planeta (equivocados o no, todo son pasos de aprendizaje) y de todas las artes, linajes y escuelas, ha permitido que la sociedad mundial haya experimentado un notable avance en el desarrollo de la conciencia individual y colectiva, avance que aún está sucediendo y acelerando su velocidad de expansión individual. El acceso libre al conocimiento oculto es una revolución planetaria de la que no se habla. Mejor así.

Bien, si los individuos evolucionan hasta hacerse conscientes y ahí, se tornan responsables, aparece una situación social nueva: un cuerpo social de cada vez mayor peso que no acepta la gran mentira manipuladora, injusta y destructiva de la pirámide. Entonces, es cuando aparece la necesidad de una nueva organización social, “jerarquizada” según un nuevo paradigma, fehaciente y orgánico: una sociedad estructurada para que funcione de verdad.

Se puede elegir una y otra vez el modelo piramidal-competitivo, o se pueden seguir patrones naturales de colaboración que enmarquen, engloben y den un sentido último cooperativo a la competencia: patrones orgánicos y funcionales, equilibrados de modo que la competencia nunca pueda llegar a poner en peligro la vida y el desarrollo de los individuos. Una organización social cuyo objetivo sea la atención a todos los individuos en equilibrio y la inserción de cada cual en el tejido social, aportando sus verdaderos talentos y capacidades, trabajados adecuadamente. La retroalimentación natural que de los individuos libres, formados y conscientes fluiría hacia la sociedad que les ha tratado adecuadamente, la haría avanzar de un modo que no podemos imaginar. Aún no hemos comprendido el poder real de la gratitud sincera que emana de recibir un trato social verdaderamente equilibrado, digno, inspirador y noble.

Noble, equilibrado, verdadero, honesto, compasivo, digno, humilde… eso ya sólo queda en los cómics y las pelis. Y en el corazón de todos nosotros, los humanos. Al menos en potencia.

Una estructuración social humana, a cualquier escala y de cualquier dimensión, debe favorecer inherentemente la libertad real y responsable de sus individuos y el desarrollo equilibrado de todos, pues eso es lo que orgánicamente emana de la condición del corazón humano en estado sereno, de la lectura que nos ofrece nuestro propio organismo. No es posible esto si es preciso ocupar un puesto en la pirámide del dinero. La cúspide de la pirámide necesita asegurarse de que se mantendrá como estructura, al margen de cualquier cuestión de las bases y obligando directa o indirectamente a la obediencia. Nosotros le damos nuestro tiempo, nuestra vida y a cambio, nos permite vivir –adormecidos- una vida de mentiras, de trabajo y consumo, de pobres aspiraciones, de sueños pequeños y vulgares, que se pueden comprar.

Resulta curioso que, de todas las formas de organización naturales que podemos observar, hayamos aceptado una que es ciertamente mineral, pétrea. La forma de la pirámide sólo se puede encontrar con asiduidad en el reino mineral. El reino animal utiliza otros diseños, más coherentes con el propio proceso de la vida orgánica. Una sociedad humana organizada orgánicamente, sin duda funcionaría mejor. Tal vez, eso es así porque la pirámide no nace de una mente orgánica.

¿Orgánicamente? Tomemos nuestro propio cuerpo como ejemplo: es un conjunto impecable de sub-unidades funcionales interdependientes e interconectadas. En él, nuestro corazón late gracias a un grupo relativamente pequeño de neuronas que –sin orden central alguna, sin mando central- mandan la orden sincronizadamente, miles de veces en la vida media de un ser humano, sin error… tal vez, eso nos diga algo acerca de la incidencia de infartos y problemas  cardiacos en nuestras sociedades de por aquí.

Nuestro cuerpo tiene una estructuración orgánica y funcional, en la que existe una jerarquía natural, que sirve –en estado de salud- para que cada parte se desarrolle adecuadamente y sea cuidada como necesita para un desarrollo óptimo. El cuerpo tiene centros vitales básicos y a partir de ahí, se estructura toda una cadena de engranajes “jerárquicos” y que llegan hasta lo más “prescindible”, aunque no por ello menos importante, como el cabello y las uñas. No deja de ser curioso que la sociedad occidental conceda tanta atención, energía, cuidado, tecnología y medios al cuidado de lo más “prescindible” orgánicamente del cuerpo. O que las mujeres Yashirek judías de Brooklyn se lo afeiten cuando se casan, pasando a usar peluca el resto de su vida.

Nuestra mente consciente, ésta a la que apelamos en este escrito, la que decide ponerse mechas o afeitarse, apenas hace nada, en realidad, en relación a todos los procesos orgánicos de nuestro cuerpo… pero sí puede estropearlo todo. No se encarga de latir, ni de respirar, ni de hacer la digestión, ni de limpiar la sangre… nada “realmente importante”. Se le ha encargado naturalmente de elegir lo que come y bebe, atestiguar su propia presencia, trabajarla (aprender) y relacionarse con su entorno (aprender otra vez), básicamente. Con sólo ese margen de acción, nuestra mente consciente puede acabar con la vida de nuestro organismo en un parpadeo… y los de muchos otros. Ese es nuestro lado libre, el que puede escoger. Ahí reside nuestro albedrío. Dentro de un engranaje tan perfecto… ¿cómo es que hay una parte que puede aniquilar, mutilar o condicionar de múltiples modos al resto? ¿Naturaleza humana? Niet.

Esa mente es la que está en la cúspide de la pirámide y -reflejada por  incontables medios- en cada mente individual, el ojito del billete de dólar, que gobierna a la sociedad mundial humana cada vez más inexorablemente. Una mente parasitaria tratando de decirle al organismo como tiene que respirar o hacer la digestión, haciéndole creer cualquier cosa para que siga su dictado. Cuando lo hacemos a escala individual, tenemos procesos de enfermedad. A escala planetaria, tenemos lo que tenemos.

Si la pirámide no trabaja intensamente a favor del restablecimiento del equilibrio en el orbe humano, de la conservación y enriquecimiento de la vida natural salvaje como prioridad absoluta e inaplazable y de un buen montón más de cosas muy urgentes que hacer, es porque no quiere. Y nadie moverá su verdadera estructura, asentada en el dinero. Si la vida produce dinero, se esquilma y punto.

Hacer planes de reciclaje, crear asociaciones mundiales, ONG’s y todo lo demás es basura, más basura aún. Sólo se hace lo que da dinero, o lo que no hace perder demasiado. Las estrategias se basan en cuánto dinero dejar de ganar para mantener la careta puesta. Y  cada vez más, los individuos se han puesto a jugar al mismo juego social a escala personal. La gente se lo está creyendo. El dinero es demasiado poderoso ya.

Ni un millón de ONG’s podrían parar lo que está sucediendo. No se trata de remendar la cubierta de la pirámide, sino de desmantelarla. Y comprender donde se halla la mente parasitaria que da cohesión a la pirámide y cómo lo hace, al tratar de imponer continuamente un mensaje único y alejado de la realidad, de nuestra verdadera naturaleza como seres humanos y de la abundancia equilibrada para todos. Muchas personas no entenderían estas palabras, o tal vez las malinterpretarían… pero esto es lo que vemos, simplemente. No hay creencia en ello, sino observación y constatación. Y, obviamente, podemos estar equivocados. De hecho, nos encantaría.

Abriendo la mirilla, podemos asomarnos a un estado de pureza mental en el cual la mente consciente está perfectamente sincronizada con el resto del organismo. Un estado sin parasitar, para entenderlo mejor. La mente funciona de acuerdo a las mismas leyes y principios de la vida y se asoma a la maravilla de la conciencia de estar vivo. Una herramienta ágil, en estado de pureza: el visor de la realidad, el que ha venido a aprender.

Si vivimos una sociedad que favorece con especial ahínco todo tipo de patologías, tal vez podamos identificar un factor inorgánico en el desequilibrio de la mente consciente colectiva. La mente pura busca el bien del organismo y el entorno porque comprende naturalmente de qué se trata la vida, no porque siga creencia alguna. Es un comportamiento orgánico consciente. Pero gobierna –en muchas mentes ya- un factor que no se comporta según lo que podemos observar como orgánico. Un factor cuyo poder destructivo está muy desequilibrado, muy fuera de los parámetros de equilibrio de creación y destrucción naturales. Un factor externo que toma control de la mente consciente a través del ego enfermo que sólo busca autosatisfacción. Una autosatisfacción que en ocasiones es letal, como en las adicciones serias. Nunca se apunta al verdadero responsable del asunto: el ego parasitado.

El ego es un mecanismo de protección del yo, del ser. Viene con el equipo de humano. Sería una cosita pequeña y semi-olvidada, de vivir en una sociedad de colaboración, y sólo asomaría en casos de sentirse amenazado por alguna razón, lo que en una sociedad compasiva, no tiene por qué pasar. Sin embargo, en nuestra sociedad los egos han crecido hasta  que tienen nombres y apellidos, conducen coches caros y ganan elecciones. El gran juego de las máscaras. Pero el ego no es bueno ni malo. En realidad, nada lo es. Simplemente, hay cosas más eficaces y placenteras que otras (y con muchas menos contraindicaciones). Una sociedad de egos parasitarios es el resultado y sostén lógico y necesario para afianzar y hacer crecer la pirámide. Lo mejor para una sociedad de competición, es el ego parasitado. Saltan chispas por doquier. Y las chispas siempre suelen tener el mismo fin: ocultar la verdad del corazón.

Las leyes, códigos y religiones han sido creados por egos parasitados que –obviamente- diseñan cosas para parasitar a su vez. El resultado ya lo vemos.

Nos hemos llevado el ego parasitado incluso a nuestra intimidad. Hemos conocido a muchas personas (miles) en la vida, así que bien podemos sentirnos legitimados para hacer una estadística que, como las demás, es puro humo y no sirve para gran cosa... Hemos visto muchos casos de personas que creían estar enamoradas, cuando en realidad estaban actuando desde su ego parasitado, en lugar de hacerlo desde el corazón. Los resultados son desastrosos antes o después. Se crean traumas y heridas emocionales que se pretenden enderezar con otros errores similares, sólo cambiando la cara de la persona. Y cada vez va peor. Sólo el corazón puede enamorarse de verdad.

Los egos parasitados de cada uno de nosotros salen cada día a la palestra a dirimir, relucir, esconderse o lo que sea que le toque a cada uno.

No podemos hablar de organización humana sin hacer mención al principal causante del desastre social que estamos viviendo: el ego parasitado. Si no nos fallan los cálculos, o sucede un milagro, o la situación social será cada vez peor: inseguridad política y ciudadana, aumento de la miseria y la escasez, ampliación de la distancia entre las clases pudientes y la base de la pirámide, guerras, crisis, aumento de la tensión y el estrés en la vida ciudadana, incremento de explosiones de violencia en todas sus formas, hambrunas, empeoramiento del estado de salud de la población, devastación del medio natural, contaminación letal, movimientos migratorios a escala masiva... Ese milagro, hay muchos que lo llaman de muchos modos, pero es como un despertar. Un simple despertar del sueño del infierno que desde la pirámide están creando con denuedo y verdadera profesionalidad y que es sostenido por la gran mayoría de las personas. El parásito mental de la cultura occidental que cría egos distorsionados, es la clave del asunto.

Una de las principales bazas del sueño del infierno es hacer olvidar las otras posibilidades. Para que se quede uno quietecito en la pirámide y gaste y trabaje y todo eso. Y se puede ser feliz, desde luego que se puede. De hecho, se puede ser feliz en cualquier lado. Que se pueda ser feliz en la pirámide no justifica que esté bien hecha o que debamos colaborar en su existencia y grandeza, basada en la destrucción de todo lo verdaderamente valioso.



.el árbol de la vida: la sociedad esférica.

¿Es posible otra concepción, otro orbe humano, otra sociedad? ¿Una que se pueda llevar a la práctica, fehaciente y virtualmente? Pues claro. Muchas, de hecho. Nuestra propuesta, en cualquier caso, es simple y no pretende ser –por el momento- sino una propuesta de paradigma.

Partamos del modelo-metáfora geométrico y cambiemos la pirámide por la esfera. Allá donde había una pirámide, creemos una o varias esferas, las que se necesiten para integrar en el nuevo modelo geométrico todo lo que antes estaba en pirámide… para ello y de entrada, un código de honestidad, limpieza y transparencia absolutas debe ser establecido, de modo que se garantice la construcción de la nueva estructura del modo correcto. Es decir, es preciso aprender a decir la verdad y a escucharla.

La estructura esférica se implementa de dos modos: a través del cambio de paradigma (virtual) primero y luego introduciendo los cambios oportunos en la estructura fehaciente. La experiencia nos dice que es preciso primero cambiar el paradigma, para que dé resultado.

Cuando hablamos de cambiar el paradigma, hablamos de un cambio absoluto en la escala de valores social y en muchos casos también personal, lo cual exige una completa revisión de todos los principios y opiniones sin juicios, a través de la observación de los hechos y de cómo se conectan y cómo, retirando la atención del plano virtual (ideológico) y devolviéndola al plano fehaciente (resultados reales). No se trata ni de regresar al pasado ancestral, ni de discutir ideologías, sino de comprender y despertar. El cambio de paradigma lleva aparejada una iluminación del cuerpo social, por decirlo de algún modo, un salto en la conciencia colectiva, similar a lo que supuso el Renacimiento, por ejemplo, pero a escala planetaria y de un modo mucho más profundo y amplio. Al igual que ese salto ya se está dando a escala personal en muchos casos, pronto se reflejará como un cambio –que ya está sucediendo- a escala global en la sociedad humana.

Por tanto, el cambio de paradigma consiste básicamente en tomar conciencia de la realidad tal cual es y dejar de agarrarse a la mentira manipulada que conduce a las autosatisfacción adictiva, para entrar en otro tipo de relación social: la conexión de corazón. Esto, que a muchos les puede sonar a cómic manga, pero que es la mejor forma que se nos ocurre de llamarlo, es fundamental en la creación de enlaces sociales fehacientes de cooperación en la nueva estructura esférica, pues la misma está basada e inspirada en el corazón humano. En realidad, esto es muy simple de hacer y comprender.

No existe modo real de salir del control del ego parasitado, salvo desplazando el centro de decisiones del ser consciente al corazón. Este proceso es el que nos enseñan los antiguos conocimientos ancestrales, esos que en Occidente se adjetivan como “espirituales”, con una evidente connotación que les supone “fuera de la realidad fehaciente”. Sin embargo, son realmente efectivos siendo espirituales, eso es algo que aquí en Occidente está algo confuso. Del mismo modo que las religiones tienen todas un cuerpo de ordenación social (recordamos que nuestra querida Europa fue estructurada por el Vaticano y que están en auge las repúblicas confesionales), la verdadera espiritualidad –que podríamos definir a vuelapluma como una visión única, profunda y personal de la Existencia, manifestada orgánicamente y que mira hacia lo desconocido- tiene su reflejo en la ordenación del cuerpo social. La verdadera espiritualidad es una conexión personal, única e intransferible que cada ser humano puede hacer por sí mismo y sin ayuda ni guía de nadie. Esa conexión nos lleva a todos al mismo sitio. Si esa espiritualidad natural y orgánica no hubiera sido condicionada y controlada, sino inspirada y desarrollada a gran escala por las religiones, hoy el mundo sería muy diferente.

Por tanto, la conexión de corazón tiene un componente espiritual también, según hemos definido espiritualidad. Cuando un ser humano hace lo que sea que tenga que hacer (a su propio y personal modo) para conectar con su propio corazón de modo verdadero y fiable (para lo cual a veces hay que pasar muchas pruebas que el ego parasitado pone una y otra vez, una gymkhana interior en ocasiones muy dura), entra en contacto directo con la espiritualidad más pura y genuina: la que emana de modo natural del lado más limpio y sereno del corazón humano.

Una vez se ha conectado con esto (lo cual puede requerir su tiempo, aunque hemos presenciado casos instantáneos), lo demás viene por sí mismo, incluida la estructura esférica. Si se ha conectado con esto de verdad, se puede implementar una esfera, un icosaedro y lo que se desee. Y esto hay que experimentarlo para conocerlo. Es preciso, para ello, hacer el gran viaje al interior y poner la casa en orden. Ya lo decía en la entrada del antiguo santuario místico iniciático de Delfos: “Conócete a ti mismo.” Y luego había otra, que decía: “Nada en exceso”.

La conexión de corazón es la conexión con uno mismo. Mientras uno mantenga esa conexión activa, se relacionará con los demás y consigo mismo desde ahí.

La conexión de corazón facilita una lectura orgánica e inmediata de la realidad, una lectura verdadera. Las máscaras se vuelven transparentes. Y se puede proceder a la estructura esférica, al árbol de la vida.

Una esfera es una figura cuyos puntos equidistan del centro.

Es decir, planteamos estructuras sociales fehacientes siguiendo esa primera máxima: todos los puntos equidistan del centro. Por tanto, el flujo de información es mucho más eficaz: todos los puntos se comunican con el centro bi-direccionalmente. Esto, obviamente, conlleva una drástica reducción del bombardeo de información, haciéndose precisa la comunicación más escueta, eficaz y ajustada a lo verdaderamente necesario y funcional para el objetivo de la esfera: cuidar de todos sus puntos, para que sigan equidistando.

El centro no sostiene la estructura, sólo es el eje de información y/o funcionamiento del engranaje fehaciente de trabajo, producción, administración o lo que sea. La estructura la sostienen todos, conectados adecuadamente, formando una estructura de enlaces a través de la conexión de corazón. La conexión de corazón lleva implícitos el respeto, la colaboración activa, la honestidad y limpieza de la comunicación personal y la plena asunción de la responsabilidad sobre los propios actos en cada posición.

Una red de esferas conectadas por el centro, un dibujo que puede recordarnos al árbol de la vida de la tradición hebraica oculta (bueno, ya no tan oculta). Esferas que actúan como células independientes y comunicadas perfectamente, formando organismos mayores. Como nuestro propio organismo. Cada parte ejecuta su función de un modo natural y en equilibrio con el resto. Cada parte recibe y entrega lo que necesita. No acumula lo que produciría desequilibrios en el flujo correcto de la energía. Cada parte integrada en el organismo hace su labor, la que le corresponde por su naturaleza y dotación reales, para el bien propio y de la totalidad del organismo en equilibrio.

Existe y es necesaria una mente con poder de decisión y albedrío, por lo que –obviamente- es mejor una mente limpia y equilibrada, que utiliza su poder de decisión en bien de la totalidad del organismo. Una que tanto a nivel consciente como inconsciente- sabe que hasta un problema en la uña o en el pelo es importante y requiere cuidado y atención, aunque ello no requiera retirar energía de la digestión para subsanarlo. Tiene un sentido orgánico de lo jerárquico y de lo equilibrado.

Es decir, es una mente armonizada con el corazón y -por tanto- con el resto del organismo. La mente de cada esfera puede estar o no en el centro, pero el corazón ha de estar siempre. El centro de la esfera debe ser aquello que une a todos los integrantes de la esfera en el corazón: el objetivo común expresado en su mayor belleza y poder. Una esfera, pues, puede tener tantos miembros como se desee, siempre que exista esa conexión entre seres libres en el corazón.

La mente está obviamente sujeta a error, pero el campo de la honestidad y la buena fe garantiza que pueda cometer los que sea necesarios para aprender…

.conclusiones momentáneas.

No es objetivo de este escrito entrar a hacer ingeniería social exhaustiva (tal vez lo sea de futuros), sino inspirar un modo opcional de visión de un asunto que nos concierne a todos, un modo aplicable y que no requeriría sino aceptar el código de Honestidad, Limpieza y Transparencia en toda comunicación. No es utópico. Es perfectamente factible. Pero haría caer la pirámides, la social y la interior. Por otro lado, obviamente, los que la manejan y los que la integran y defienden, puede que ni siquiera se plantearían algo así… eso no lo sabemos. Sí sabemos que cada ser humano posee un corazón, planteado tanto en términos físico-biológicos como metafóricos.

Si hemos de evolucionar, ha de ser socialmente, como especie. Si por vez primera en la historia tenemos conciencia de la totalidad de la especie humana en todo su rango de diferencias, ello no puede ser casual, sino causal. La especie humana, a pesar de ser una maravilla sin parangón, se maltrata a sí misma con dureza. El Hombre es un lobo para el hombre, dicen. Y lo que llama profundamente la atención, es que el Hombre todavía no haya probado a ser humano con el hombre… Los seres humanos no estamos siendo humanos, o no del todo. No estamos siendo civilizados, o no del todo. La cultura de la autosatisfacción entra en colisión directa con el avance en cooperación. Y sin la cooperación, seguiremos permitiendo que la pirámide destruya todo a su paso, sólo para que su cúspide y primeros escalones, cada vez brillen más.

Dicen que la pirámide de Keops estaba recubierta, en sus últimos escalones y cúspide, con oro.

Nuestra sociedad está cambiando a pasos agigantados, por más que muchos se empeñen en repetir lenguajes caducos, los lenguajes de la política occidental. La vieja reliquia de la estructura de partidos, elemento base de la pirámide virtual, aún arrastra a la masa manipulada. La gran mentira controlada por el etablishment que gobierna el capital y el poder reales, sean quienes sean, sigue funcionando porque la verdad está escondida. La lógica del “mercado libre” dice claramente que sólo alcanzarán los primeros puestos en el ejercicio político aquellos que resulten rentables para quien apuesta por ellos. Ese es el sistema estadounidense y ese es el europeo y el de cualquier democracia moderna. En el juego del poder de un país o de una comunidad de naciones, el gran poder del dinero hace y deshace a su antojo, guardando a duras penas una cara honrada.

La caduca estructura mafiosa, sin embargo, se resquebraja. A delincuentes del pelaje de Aznar, Bush, Blair o Berlusconi –entre muchos otros- se les ve el plumero a millas de distancia y pronto se les verá a todos. La iglesia católica comienza a mostrar el trasero, reventado en secreto. La mentira se está desintegrando y una verdad muy fuerte, lozana y hermosa está resurgiendo: la verdad que radica en la Vida. El mundo está en guerra y eso es una realidad. Hay muchas formas de verlo, sin embargo. Pero sólo una, cuando es uno mismo o sus seres queridos los que están involucrados directamente.

Nos esperan tiempos asombrosos, de grandes y profundos cambios, en ocasiones difíciles o dolorosos. La Humanidad no puede volver el rostro ante su desafío, pues nos jugamos la supervivencia en el planeta. Y el tener una vida buena de verdad y para todos, algo perfectamente posible.

Supongo que continuará…

Gracias y que tengas un luminoso día.

Madrid, 12 de abril del 2011