La Carta de la Tierra
Este documento nace como consecuencia del momento histórico que atravesamos a escala planetaria. El objetivo es esclarecer y promulgar unos valores universales –comunes a todos- que necesitan urgentemente ser traídos de vuelta a nuestras sociedades, con el fin de restablecer el equilibrio de la vida en la Tierra y sentar las bases de un crecimiento futuro equitativo, sostenible y plenamente respetuoso con las leyes fundamentales de la Vida en la Tierra, tal y como las conocemos hoy gracias a la ciencia, la tecnología, el conocimiento, la conciencia despierta y el sentido común.
Estos valores, que están reapareciendo espontánea e individualmente en millones de seres humanos, están sin embargo siendo sistemáticamente anulados, conculcados y atropellados por un sistema socio-económico-político que se está expandiendo impositivamente a escala planetaria, dirigido por los poderes fácticos que controlan los diferentes resortes del poder en nuestras sociedades actuales. Estos resortes o mecanismos del poder incluyen gobiernos, instituciones, iglesias, universidades, grandes corporaciones y grandes conglomerados de mass media. Los resultados de las decisiones y actos de todos ellos determinan indiscutiblemente nuestra realidad cotidiana a escala colectiva y están marcando un rumbo destructivo, empobrecedor, manipulador y suicida.
La connivencia, aquiescencia o defensa de este actual sistema es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros. Igualmente, entendemos que el grado de responsabilidad debe ajustarse a la escala de las repercusiones de los actos de cada individuo, en una lógica proporción. Apelamos a la libertad de cada ser humano de tomar decisiones en favor de la supervivencia y la convivencia armónica de todos los miembros de nuestra especie, trabajando en la creación de una sociedad planetaria justa, compasiva, equitativa y verdaderamente evolucionada, conformada por individuos libres, independientes y conscientes de su vínculo y su responsabilidad con la sociedad en la que se integran.
Entendemos que estos valores han de ser respetados por encima de cualquier circunstancia, opinión, ideología y expresión religiosa, pues su objetivo es asegurar que la especie humana pueda existir y evolucionar con una verdadera calidad para todos y en equilibrio con la Naturaleza. Estos valores no proceden de la opinión de un individuo o grupo, sino de la observación y comprensión de las leyes naturales que comparten millones de científicos, pensadores, investigadores y –ampliamente- personas de toda extracción y formación en todo el planeta.
Estos valores universales no nacen pues de ideología, opinión o creencia alguna, sino que trascienden y contienen a todas ellas. Son valores que existen en cada alma humana y en el mundo tal y como lo observamos. Partimos del conocimiento real y no manipulado, del sentido más amplio e universal del Bien común y de la búsqueda activa y comprometida del equilibrio, la cooperación en el respeto absoluto de la diversidad y la armonía de todo lo que existe.
Este documento se alinea con aquello que nos une a todos sin excepción, por lo que busca unir y no separar. Y nos dirigimos a apoyar y fomentar la evolución de la Humanidad como especie, evolución que pasa necesariamente por un cambio de conciencia y paradigmas a escala global.
Los valores que recoge y refleja este documento, al que hemos bautizado como Carta de la Tierra, entendemos que han de ser urgentemente reconocidos, respetados y puestos en práctica, en pos de la solución de los gravísimos problemas que aquejan a nuestras sociedades y a todo el planeta en todas las escalas. Entendemos también que estamos en un momento crítico de la historia, uno absolutamente nuevo y desafiante y que –si pretendemos ser de verdad una especie inteligente- debemos actuar correctamente como especie e individuo a individuo, cada uno en su lugar de acción. Para que esto pueda suceder, han de ser los propios valores individuales sintonizados libre, consciente y voluntariamente con los valores universales, los que guíen los actos de cada ser humano libre, independiente y consciente.
Este documento no pretende ser exclusivo, sino inclusivo; no impositivo, sino inspirador; no limitador, sino expansivo; no personal, sino global; no acusador, sino reconciliador; no separador, sino unificador.
Artículo 1.- La Tierra.
La Tierra es un ser vivo en evolución continua y nuestro único hogar hasta donde sabemos de modo consuetudinario. La especie humana depende de la Tierra, absolutamente y en todos los aspectos, para existir. Los cotidianos ataques a escala global al ser vivo que nos alimenta y sostiene, en forma de sobreexplotación y agotamiento de los recursos, degradación del medio ambiente, polución masiva, extinción de especies, destrucción de ecosistemas, injusto e injustificable reparto de la riqueza -creando extremos de máxima pobreza y máximo despilfarro-, violencia y destrucción masiva, todo ello como resultado de un sistema de valores basado en la búsqueda competitiva de lucro económico, constituyen un ataque frontal contra la Humanidad como especie y contra el único hogar que compartimos: la Tierra.
Por tanto, la Tierra debe ser respetada por encima de todo y sus recursos explotados de modo equilibrado y sostenible, según las siguientes premisas:
a- Los medios de explotación de todo recurso susceptible de regenerarse (vegetal, animal, acuíferos, aire) deben adecuarse de inmediato para garantizar al cien por cien la regeneración total y en perfecto estado de salubridad de dichos recursos.
b- La explotación de recursos no susceptibles de regeneración a corto o medio plazo (mineral, combustibles fósiles) debe ser ajustada a los mínimos necesarios, como primer paso para garantizar una transición dirigida a detener o mantener en una tasa mínima de actividad la explotación de tales recursos a corto-medio plazo.
c- Toda la capacidad creadora, económica, investigadora, científica, laboral y tecnológica de las sociedades planetarias debe enfocarse con absoluta prioridad a desarrollar y perfeccionar nuevas formas no contaminantes, sostenibles y universales de energía, explotación, manufacturación y gestión de residuos que sustituyan a las actuales y a desarrollar modos eficaces y apropiados de limpiar todos los desechos y las zonas degradadas del planeta y restablecer el equilibrio y la salubridad completa de todos los ecosistemas de la Tierra.
d- El crecimiento del beneficio económico, tal como se entiende hoy en día, debe dejar de ser el principal valor que guía la relación humana con la Tierra. En su lugar, el bien de la Vida en la Tierra puede ser la guía para las decisiones económicas, políticas y empresariales a la hora de explotar recursos, manufacturar productos, comercializarlos y gestionar residuos. El Bien de la Vida en la Tierra incluye por supuesto en su conjunto a los seres humanos.
Artículo 2.- Los seres humanos
La especie humana nos podemos reconocer, a vista de nuestra experiencia histórica global y de nuestra capacidad de acción como especie, como los guardianes de la superficie terrestre, desde el momento en el que hemos constatado que tenemos poder suficiente para devastar la vida sobre la misma. Entendemos también que la ley natural nos obliga en cambio a cuidarla con esmero, ya que estamos vinculados a la Tierra por completo, por lo que manifestamos la profunda y crítica contradicción del paradigma vigente.
Apelamos al potencial de desarrollo integral de una inteligencia humana libre y formada para pensar por sí misma, al potencial de crecimiento humano gracias a una vida emocional libre, equilibrada y saludable y a la liberación de la expresión única, individual, personal y viva de la espiritualidad humana, libre de manipulaciones. Abogamos por formar e inspirar seres libres, conscientes, independientes y responsables, dueños de sí mismos para aprender y enseñar, en lugar de moldear clones productivos. Abogamos por liberar todos los secretos de todas las sociedades humanas, para que todos los individuos tengan acceso libre a la información, en pro de un retorno general al uso de la sinceridad, la honestidad y la buena fe como modo natural de intercambio entre los seres humanos.
Entendemos que una correcta formación integral da como resultado seres humanos equilibrados, conscientes y responsables, capaces de prescindir de los sistemas de mando para pasar a elaborar sistemas de organización entre seres libres. Entendemos que existe un modo orgánico de organización de equipos, colectivos y sociedades, basado en el desarrollo libre de cada individuo y el compromiso responsable en armonía con las capacidades y talentos de cada cual. Entendemos que un compromiso maduro, libre, consciente y responsable es mucho más eficaz, equilibrado, sencillo y funcional que obedecer órdenes o acatar leyes. Y que tal compromiso exige a cambio una sociedad madura, libre, consciente y responsable en sus mecanismos, organización y sobre todo, en los resultados de su funcionamiento.
Igualmente, entendemos que las sociedades y los individuos se retroalimentan activamente, por lo que abogamos por el impulso consciente y libremente escogido efectuado individuo a individuo, que se transmita al engranaje social.
Abogamos consecuentemente por un cambio de paradigma a escala global, como lógico resultado del devenir histórico de las sociedades humanas y de la observación de la realidad contemporánea. El nuevo paradigma necesita estar basado en la colaboración a todas las escalas y en todos los estamentos, con el fin de garantizar que la vida en la Tierra sea un Paraíso para todos los seres vivos. Entendemos que la Humanidad en su conjunto tiene fuerza de trabajo, recursos económicos, tecnología y conocimiento suficiente para convertir ese paradigma en una realidad física.
Asumimos plenamente que la vastísima complejidad de las sociedades humanas y su ingente diversidad –individuo a individuo- crean un panorama virtualmente infinito, por lo que apelamos a la voz que es común a todos, pues entendemos que más allá del panorama infinito de ideas y opiniones, existen unas necesidades básicas para el desarrollo saludable y pleno de cada ser humano. Estas necesidades se transforman inmediatamente en derechos inalienables por el mero hecho de ser humano, por lo que cabe exigir que sean respetados rigurosamente y ante cualquier otra consideración.
Entendemos como derechos inalienables para cada ser humano:
- Alimentación suficiente y saludable.
- Fácil acceso a agua potable y limpia.
- Lugar digno para habitar.
- Acceso fácil e universal a una formación y educación enfocadas en favorecer el máximo desarrollo personal de cada individuo según sus propios y naturales talentos y aptitudes.
- Tiempo libre suficiente para desarrollar saludablemente una vida familiar, social y creativa.
- Respeto por la propia etnia, raza, cultura, creencias, tendencia sexual e ideología para ambos sexos sin excepción.
- Vivir e integrarse en un sistema social limpio, honesto, equitativo, integrador, justo e inclusivo, donde cada individuo en el planeta tenga opción de desarrollar una actividad que contribuya al bien y al desarrollo de su sociedad, en consonancia y armonía con el desarrollo integral del propio individuo.
- Acceso libre a la información y al conocimiento.
- Desarrollo y estimulación de la libre capacidad creativa y artística.
Somos conscientes de lo muy lejos que está, la sociedad humana en su conjunto, de garantizar estos derechos para todos y cada uno de los seres humanos. También somos conscientes de que existe la capacidad suficiente para comenzar a trabajar en ello hoy mismo con resultados satisfactorios. Por ello, cabe exigir que los suficientes recursos humanos, económicos, tecnológicos, científicos, académicos, industriales, creativos y de manufacturación se enfoquen de inmediato a reequilibrar las graves diferencias entre seres humanos, hasta la plena cobertura de las necesidades básicas para todos.
En estos dos artículos resumimos de un modo amplio y que todo sentido común puede entender, la Carta de la Tierra.